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martes, 25 de noviembre de 2025

Con nombre(s) de mujer(es): el regalo de una conversación inesperada

Mientras recorría el pueblo el segundo día del taller "Con nombre(s) de mujer(es)", me encontré casualmente con Isabelita que me acompañó a un lugar con unas vistas muy chulas de Lanciego. Santos pasaba por allí. Y a ambos les compartí una postalita con la información del taller para que se animaran a participar. Surgió una conversación informal, muy interesante. Les pedí permiso para grabarla en audio. Y tras hacer el montaje, volví a pedirles su OK para compartir una "perla" genuina que podéis escuchar a continuación, que recoge muy bien la esencia de este proceso de rescate de las mujeres de ayer y hoy que vivieron y viven en Lanciego.

Muchas gracias a las mujeres y hombres de Lanciego que habéis hecho posible este proceso (más que "taller") de rescate y (re)conocimiento de las mujeres que han vivido ayer y viven hoy en Lanciego. Un gusto conocer algunas pinceladas de vuestras historias de vida y recopilarlas en este blog, abierto a seguir acogiendo historias, saberes y recuerdos de las mujeres, que habéis contribuido y contribuiréis a hacer que Lanciego sea un lugar donde vivir, o estar de paso, merezca la alegría.

A veces lo mejor es lo inesperado, lo que sale sobre la marcha, lo que no se programa y se recibe con naturalidad. A veces, los encuentros y los lugares informales, las conversaciones naturales son las que más aportan e importan.

En cualquier caso, hay que soñar, proponer, sugerir, planificar y, después, ser lo suficientemente flexibles para aceptar lo que vaya llegando, ser humildes para dejarnos empapar con lo que otras muchas personas nos pueden aportar, ser valientes para tener criterio propio, y ser agradecidas para reconocer y agradecer a quienes nos precedieron por todo lo que nos han legado.

Mentxu Ramilo Araujo

domingo, 9 de noviembre de 2025

Lugares de encuentro de las mujeres de Lanciego

Raquel Compañón Chasco nos recuerda algunos lugares donde se encontraban las mujeres antaño...

El Rincón de las Señoritas: A tomar el sol, antes de entrar al camino del monte. Allí había una losa grande donde se sentaban las mujeres con sus niños y niñas.

Rincón de los Pollos: En la era cercana a las escuelas. Había un “puente” (unas piedras) para cruzar el reajo. Al sol y al resguardo de una pared de piedra, las mujeres de las calles de alrededor se juntaban para coser, remendar la ropa, repasar la ropa y charlar. Mandaban a las hijas a jugar mientras ellas mantenían todo tipo de conversaciones (también alguna un tanto subida de tono). Sacaban allí las gallinas, por eso el nombre. Un poco más arriba, las mujeres que vivían por la zona tendían la ropa a secar.

También salían a coser a las puertas de las calles. O se sentaban en los bancos de piedra de la ermita, mirando a los castaños. En la calle San Antonio, en las escaleritas, la dueña “Rosa” en verano les mojaba las escaleras para que no se sentaran. Recuerdos de ver a las abuelas jugando a las cartas, en el portal de la Petra. En la plaza del cuartel se encontraba "el Mentirón”, lugar de reunión de “viejos” para hablar.. Otros lugares de encuentro eran el lavadero o la iglesia. Las chicas más jóvenes iban al bar a ver la tele. Las amigas y las vecinas iban a las casas de otras… Las vecinas de la misma calle salían a la calle a mediodía un ratito y por la tarde a la fresca. Se hacía mucha vida en la calle.

Hoy en día, no hay costumbre de encontrarse en la calle. Se va de ronda por los bares. También se encuentran varios grupos para salir a caminar, por muchos lugares de paseo que hay en Lanciego. En verano, otro punto de encuentro, es la piscina.  Habría que recuperar los espacios públicos: sentarnos en los bancos y sacar las sillas a la calle en verano para hacer corrillo a la fresca.


Encontrarse para hacer una foto de grupo.
¿Qué motivo les haría reunirse para la fotografía?
¿Qué pasaría por sus cabezas en aquel instante?
¿Cuántas historias por contar, y de las que aprender, quedarán sin ser contadas?

Las participantes recuerdan quiénes están en las fotografías. Describir y recordar en grupo cada imagen es un proceso de investigación y de rescate de recuerdos y (re)construcción de relatos.


martes, 4 de noviembre de 2025

Las mujeres de Lanciego en la documentación histórica

Quisiera compartir con vosotras una pequeña historia sobre Lanciego, sobre lo que se puede descubrir rebuscando un poco entre papeles antiguos y libros de la parroquia.

Hace ya unos años, Emilio Enciso, sacerdote alavés que llegó a ocupar el cargo de consejero de Acción Católica Femenina de España, y que escribió varios libros sobre la moralización del país —y especialmente sobre cómo debían comportarse las mujeres durante aquellos años de dictadura—, encontró unas notas en el primer libro sacramental de la parroquia de Lanciego. Más tarde, en 1991, Zoilo Calleja, que entonces era párroco en Kripán, las transcribió y resumió.

En esas notas, los curas del pueblo contaban los hechos que les llamaban la atención entre los años 1564 y 1617Gracias a esas anotaciones, hoy podemos asomarnos a la mentalidad de la gente de aquella época: cómo veían el mundo y cómo reaccionaban ante los grandes acontecimientos.

Allí se mencionan sucesos como la guerra contra los moriscos, conocida como la rebelión de las Alpujarras, la batalla de Lepanto, la entrada del rey Felipe II en Portugal, o incluso sequías, tormentas y pestes.

Sabemos que el primer cura en comenzar a escribir fue Juan de Vallejo, y que después le siguieron Martín de Foronda y Martín Pérez de Viñaspre. Este último dejó escrito cómo se vivió la peste de finales del siglo XVI, y contó cosas como:

“En Viñaspre vinieron a morir más de setenta personas, y allí no quedaron más de veinte vecinos. En Cripán murieron también muchos, más de treinta, y así sucedió que, al poco de convalecer, se casaron viudas con viudos, y aun hasta los muy muchachos.”

Con ese tipo de relatos nos damos cuenta de cómo vivían y de cómo seguían adelante después de sufrir momentos tan duros.

Si miramos los documentos del Ayuntamiento de aquellos siglos, los protocolos —los pleitos, las ventas, los contratos de la taberna, del horno o de la carnicería—, casi siempre aparecen nombres de hombres. Pero, si escarbamos un poco más, también encontramos a las mujeres, sobre todo en los testamentos.

Por ejemplo, Catalina Ximénez, que vivió en Lanciego a finales del siglo XVI, pidió ser enterrada en la iglesia de Acisclo y Vitoria, junto a sus familiares, y que se celebraran 150 misas rezadas y 20 cantadas por su alma.

Otra mujer,
Osana López de Lafuente, de Viñaspre, quiso que la acompañaran en su entierro los clérigos de Lanciego, Kripán y Yécora, junto con la cofradía de la Vera Cruz, ocho cirios de cera y cincuenta misas cantadas.

En 1609, Catalina González, viuda de Diego Sáez de Lopez, sacó un censo por dieciséis reales y medio e hipotecó una viña de Assa y una pieza en La Losa, de Viñaspre.

Son pequeños datos, pero rastros de vida, de mujeres concretas que vivieron aquí, en nuestros pueblos, y que rara vez aparecen en la historia “oficial”.

También hay otros documentos que muestran la dureza del tiempo, como un “concierto de estupro” —una violación— de 1625, donde un hombre tuvo que pagar 150 ducados por haber deshonrado a una mujer de Lanciego. Así era como se entendía entonces la justicia y el honor de las mujeres.

Y si seguimos mirando hacia épocas más recientes, vemos que la vida del pueblo ha estado siempre llena de mujeres que sostienen la comunidadMaestras, como la señorita Feli, aquella maestra coja que cobraba, por cierto, bastante menos que su compañero, el maestro; su hermana Pilar, que solía ayudarle en la escuela y que un día fue ingresada por apendicitis y ya nunca volvió, pues falleció en la operación; o Inocencia, “Ino”, la maestra que bajaba desde Kripán. Modistas, que cosían y arreglaban ropa para sus vecinas y vecinos. Lavanderas, que bajaban al lavadero con sus hijos, hiciera frío o calor. Y tenderas, siempre detrás del mostrador, atendiendo con paciencia a la vecindad.

Todas ellas han formado parte de la historia viva de Lanciego. Y hoy, aquí, en este blog, con vuestra ayuda, queremos seguir recuperando sus nombres, sus voces y sus memorias.

Raquel Zabala Compañón

miércoles, 29 de octubre de 2025

De las Escuelas a la Ikastola y sus protatonistas

En la segunda mitad del siglo XIX se incorporaron muchas mujeres al magisterio público en el caso español. Fue un fenómeno con una gran repercusión en la propia génesis del sistema educativo y, muy especialmente, en la evolución y transformación de los códigos y las relaciones de género, pero hasta fechas muy recientes ha sido poco estudiado por nuestra historiografia (San Román, 1998Cortada, 2002:223). Gracias a la labor de búsqueda de la archivera de la Cuadrilla de Rioja Alavesa, Elisabeth Bergara Larrañaga, hemos obtenido algunos datos de maestras:

  • En un testamento de 1828 D. Cayetano Rodriguez de Arellano establecía que se dotara a la maestra de dicha villa de Lanciego con una peseta diaria para que enseñare a las niñas pobres de esta localidad.
  • En 1858 se nombra a Dª Eufemia Galarreta maestra titular de niñas
  • Documento del 10 de junio de 1920 en el que consta como maestra Elvira Astiz.
  • 8 de marzo de 1926 nombramiento de Concepción Duque Quemada como Maestra nacional de la Escuela mixta de 1ª enseñanza de Viñaspre
  • 9 de enero de 1926 nombramiento de Dª Filomena Asunción de Ayala Fernández como Maestra interina de la Escuela nacional mixta del pueblo de Viñaspre
  • 20 de octubre de 1933 acta de la toma de posesión de la maestra nacional interina sustituta de niñas de Lanciego de Doña Gregoria López de Heredia.

Los diccionarios de la Real Academia Española mantuvieron la definición de maestra como “La mujer que enseña a hacer labor a las niñas”, además de la acepción “La mujer del maestro en cualquier arte”, desde el publicado en el año 1734, y reiterándola en las ediciones de 1780, de 1783 y de 1791. A comienzos el siglo XIX, en 1803, se introduce una pequeña variante; maestra es “La mujer que enseña”, para añadir a continuación “Tómase particularmente por la mujer que enseña a hacer labor a la niñas, u otros oficios”; es decir, podía enseñar labor, y también otros oficios, y era la mujer, no “del maestro en cualquier arte”, sino “de cualquier maestro”. Así se mantiene en las ediciones des 1817, 1822, 1832, 1837, 1843 y 1852 (Flecha, 2010:279-280).

El principal cambio se produce en el diccionario de 1869, cuando se define a la maestra como “La mujer que enseña algún arte, oficio o labor”, y se especifica en la explicación que se da “en escuela o colegio”: “Tómase particularmente por la mujer que enseña a las niñas en alguna escuela o colegio”. En la edición siguiente, la de 1884, se acorta la explicación dejándola en “Mujer que enseña a las niñas en una escuela o colegio”, y puede ser también “La mujer del maestro”. Hasta un siglo más tarde, en la edición de 1992, no cambia la primera acepción, que ahora queda como “Mujer que enseña una ciencia, un arte o un oficio, o tiene titulo para hacerlo”; pero se siguen repitiendo las otras dos, aunque en el caso de la segunda, “Mujer que enseña a las niñas”, las maestras siempre enseñaron a niños en edades tempranas y en las escuelas mixtas de muchos pueblos, y durante la II República y desde 1970 a niños de todas las edades (Flecha, 2010:279-280).

Aproximadamente de 1935, antes de la guerra civil

La señorita Feli con su alumnado, aproximadamente 1947-1948 (Vídeo

Ortofoto de 1968, vía GeoAraba

Cerca de la escuela (recuadro rojo) había un olmo precioso, grandísimo (círculo verde). Algunas, más que estudiar, miraban por la ventana de la escuela al olmo. Hoy queda su recuerdo en la calle del Olmo.

Al fondo a la derecha de la imagen anterior aparece el olmo, donde se reunían a debatir los temas importantes del pueblo y quizás también, los cotilleos ;-)

En la imagen anterior se ve una exposición sobre objetos del campo en las Escuelas. La mujer de la derecha es Elisa.

Alumnado con la maestra Gloria Capellán

Algunas de las maestras de las Escuelas (ubicadas donde hoy en día está la Ikastola).

  • Gloria Capellán (años 30) maestra nacional de Lanciego que se libró de ser depurada tras la guerra civil española. Los cuatro informes que se emitieron sobre ella la valoraron "bien". La recuerdan como muy buena maestra.
  • La señorita Feli Urarte Eguilaz (años 40). Solían pensar "Una señora tan bien, y lleva unos zapatos “trochos”. Ahora nos damos cuenta por qué llevaba esos zapatos: ¡eran mucho más cómodos!
  • La Ino (años 60). Decía: “¡Qué voy a hacer contigo!” Y les daba "sopapos". 
  • Valbanera: Daba Historia. Hacían unos cuadernos de manualidades representando cuadros de obras de arte. Hacían bordados y vainicas.
En el año 1964 se hizo la concentración escolar. Lanciego se quedó sin escuela y tenían que bajar en autobús a Oyón. Algunas familias llevaron a sus criaturas a internados. Otras madres no querían llevar a sus criaturas a Oyón y realizaron varias concentraciones... En el edificio de la Cooperativa Agrícola, algunas mujeres se encargaron de limpiarlo y acondicionarlo. Se contrató a una persona para que diera clases a las criaturas. Pero duró un día...  

Doña Ino vivía en Kripán y bajaba en autobús con el alumnado a la escuela a Oyón. Los chicos iban delante en el autobús y las chicas detrás. 
Si alguno se portaba mal en el autobús, la Ino le hacía bajarse del autobús y que fuera andando. 

Las madres querían “señorita" (escuela), no "andereño" (ikastola). Pero la incipiente ikastola funcionaba tan bien que consiguió tener el ciclo completo hasta 8º de EGB y así el alumnado no tenía que desplazarse a otro pueblo. Las madres se movilizaron y fueron a distintos pueblos a animar a más familias para que hubiera más criaturas para hacer grupo y tener una “andereño en condiciones”. Con la llegada de la democracia, en el curso 1979-1980 comenzó a funcionar la Ikastola, en una mesa camilla con 5-6 criaturas, en la Casona que, entre otras cosas, fue casa de maestros y del secretario del Ayuntamiento, cine, consultorio médico, hotel...
  • Lourdes Arrieta Azpiazu (8/02/1958-15/04/2005) se hizo cargo de 17 niñas y niños entre 3 y 5 años. Aunque no tenía ninguna titulación, sabía euskara y le gustaban las criaturas. Falleció a los 47 años en un accidente de tráfico.
Lourdes y su alumnado

  • Nekane Etxenausia Irure (1957-20/12/2021): En los años 80 fue a Lanciego a trabajar a la Ikastola. Su hija Maitane Arnaiz Etxenausia nos habla de ella y del homenaje que le hicieron en la ikastola, donde estuvo trabajando hasta su jubilación a los 61 años.
Nekane y su alumnado

Otra andereño de las primeras que recuerdan, era Maritxu, que tenía un mono (animalillo) que iba por las clases. La Ikastola tuvo que decidir si era pública o privada y se decidió que fuera pública. 

La primera cocinera de la ikastola fue Mari Paz, que hacía la comida en el bar del Chato. Ana Rosa recogía la comida y la llevaba al comedor para unas 15-20 criaturas. Llevaba la comida en un par de cestas y hacía dos viajes para llevarla. Otra cocinera, fue Mari (era sorda). La comida la daba en la planta baja de su casa. Luego ya llegó un catering y Puri se encargó hasta su jubilación de dar las comidas. Hoy en día están en el comedor Gema, Arantxa y Bego.